Cala Moraira
/ Óleo sobre tabla de 46 x 33 cm / Pintor Alejandro Cabeza
Se aproxima. Puede escuchar ya el sonido de las caracolas y nota cómo la brisa peina sus cabellos grises con dedos solícitos. Él se deja hacer como un niño. Se entrega a la única patria que reconoce como verdadera, la única que nunca le ha vuelto la espalda, la más fiel, la que no lograron robarle ni en los años más sombríos: el mar. El mar en Montevideo, en Buenos Aires, en Cuba, en Palma... El mar incluso más allá de su ventana ahora que llega al final del viaje. Porque él está siempre presente, bañando dulcemente las costas más recortadas y los paisajes más inhóspitos, consolando al peregrino, recordándole con su monótono movimiento que todo es transitorio, que cuanto anhelamos ha de llegar un día… para ser olvidado al siguiente. Que nosotros mismos no somos más que huéspedes provisionales. Es ya tarde para escribir un discurso de despedida; el sol se pondrá dentro de poco.
En esta marina sobre tabla, busco capturar esa misma esencia de transitoriedad y calma que describe el texto. La Cala Moraira se presenta como un refugio de luz, donde las pinceladas intentan detener ese sol que está a punto de ponerse, fijando sobre la tabla la vibración del agua y la nobleza de la roca costera. Como Pintor Alejandro Cabeza, mi intención es que el espectador sienta ese abrazo del mar, esa patria fiel que, a través del óleo, permanece inalterable frente al tiempo.
(Salomé Guadalupe Ingelmo, fragmento de "Con el secreto designio")
En esta marina sobre tabla, busco capturar esa misma esencia de transitoriedad y calma que describe el texto. La Cala Moraira se presenta como un refugio de luz, donde las pinceladas intentan detener ese sol que está a punto de ponerse, fijando sobre la tabla la vibración del agua y la nobleza de la roca costera. Como Pintor Alejandro Cabeza, mi intención es que el espectador sienta ese abrazo del mar, esa patria fiel que, a través del óleo, permanece inalterable frente al tiempo.
