He tomado esta vista desde el mirador del Portitxol en Jávea, uno de los puntos más emblemáticos de la zona. Desde aquí se puede observar la costa y toda su orografía en la distancia. El lugar ha sido representado en multitud de ocasiones por diversos autores, ya que el juego entre las montañas y el mar se presta para encontrar composiciones de gran belleza en esta parte de Jávea.
La pintura es solo un boceto, la antesala para poder realizar una pintura más ambiciosa, más calculada y más precisa en la observación de la naturaleza del paisaje. Este estudio inicial me sirve para definir el equilibrio entre el azul del mar y el horizonte, así como para situar correctamente la cruz de piedra que asoma por el margen izquierdo del primer plano. Es una toma de contacto fundamental donde busco encajar la masa forestal de los pinos con la inmensidad del agua, estableciendo las bases de luz y color que desarrollaré con mucho más detalle y rigor en la obra definitiva.
Resulta conmovedor evocar cómo el paso del tiempo ha transformado la fisonomía de este entorno. En años lejanos, este paraje hoy dominado por el denso verdor de las coníferas se encontraba cubierto por un desnivel de viñedos que escalaban los bancales en perfecta armonía con el terreno. Según atestiguan las crónicas y las fotografías de épocas pasadas, aquellas tierras labradas con esmero conferían al horizonte una luz y un matiz cromático radicalmente distintos. Lo que hoy se presenta ante nosotros como una espesura silvestre de pinos y especies afines, fue en su origen un testimonio vivo de la actividad agrícola, una herencia del paisaje mediterráneo que el tiempo ha decidido revestir de bosque.
-Pintor Alejandro Cabeza

