La Cala Blanca, referida frecuentemente bajo la denominación de La Caleta, se localiza en el extremo meridional del Segundo Montañar, en el municipio de Jávea. Este paraje se configura mediante dos calas contiguas, integradas en una costa de morfología rocosa y naturaleza semiurbana, donde predominan los depósitos de grava y formaciones líticas que definen su singular estética mediterránea.
La Caleta I, de carácter rústico, se sitúa al término de la Avenida de Ultramar, ofreciendo un acceso que culmina en un breve paseo marítimo desde el cual es posible alcanzar el mirador homónimo. Por su parte, la Caleta II se distingue por una barrera natural de piedra tosca que penetra en el mar, actuando como dique natural y propiciando la formación de aguas tranquilas y cristalinas. Ambas secciones quedan vinculadas por una formación rocosa horadada; este túnel natural constituye uno de los hitos visuales más relevantes del entorno, permitiendo el tránsito peatonal entre ambos espacios.
Desde este enclave, la costa prosigue hacia la Cala del Francés, un sector que, pese a poseer una identidad histórica independiente, suele integrarse en la percepción global de este complejo marino. La orografía de la Cala Blanca, marcada por el contraste entre la solidez de la piedra y la transparencia del agua, ofrece un escenario de gran riqueza plástica para el estudio de la atmósfera y el color, elementos fundamentales en la tradición paisajística.