Tiene un lenguaje personal que no se corresponde con este con los modos y las modas de este inicio de siglo y posee un mundo inequívoco de obsesiones. Es sorprendente siempre y es capaz de mantener casi constantemente hipnotizado al espectador, que acepta gozoso la visión de unos paisajes, retratos y composiciones de gran belleza. En sus obras estoy seguro que el espectador podrá contemplar una enorme variedad de temas- paisajes, marinas, retratos y composiciones de figuras tratados con una excelente técnica y también rigor didáctico, como corresponde a las antiguas formulas impresionistas.

Francisco Agramunt (Critico de Arte)

Barcas al Atardecer

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Barcas al Atardecer  Malvarrosa 

Hoy en día es habitual encontrar algunas barcas en la arena y en el paseo. Ubicadas en la misma playa de la Malvarrosa hacen un eco de lo que era la antigua playa de pescadores, que iban y venían con sus barcas y redes a comienzo de siglo. La playa, que en los tiempos antiguos era utilizada para desembarcar la pesca y el intercambio de comercio entre los diferentes poblados próximos a la capital, se fue convirtiendo en lugar de descanso de la burguesía valenciana. Hoy se mantiene como símbolo de la esencia marítima del barrio. Se les conocía como “Els poblats maritims” (Poblados marítimos)

La playa de la malvarrosa nunca fue como la conocemos hoy en extensión. Su entorno era un litoral de dunas y vegetación que daba su final en la playa. Su nombre, así como el barrio situado junto a ella, data de 1848 y se debe a un jardinero. Félix Robillard, quien por aquel entonces ejercía el cargo de jardinero mayor del Botánico  planto esta especie que se denominaba Malva-Rosa.

El cuadro es un conjunto de barcas reducido que ofrece diferentes puntos de perspectiva según de donde se coloque uno. Realmente es un cuadro grande para poder sacarle punta en el juego de luces y sombras con estos elementos tan singulares fuera del agua. Si uno se va a las 10 de la mañana aún te puedes encontrar a los dueños de las mismas, que se suelen reunir para almorzar o pescar a orillas de la playa. Otros las restauran y las pintan con sus colores característicos para protegerlas de los envites del salitre y el mar. También hay que apuntar que no son aquellas barcas de vela que salían a faenar arrastradas por bueyes. Tampoco las de la albufera que suelen ser diferentes de forma y color más oscuro. Estas son más actuales, más cercanas al concepto de bote marinero.

En la playa de la malvarrosa  y a la altura de donde se encuentran estas barcas se puede aprovechar la visita a la Casa Museo de Blasco Ibáñez. El autor de La Barraca vivió aquí. Su casa, convertida en museo, muestra diferentes aspectos de su vida a través de muebles y objetos personales.