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Tiene un lenguaje personal que no se corresponde con este con los modos y las modas de este inicio de siglo y posee un mundo inequívoco de obsesiones. Es sorprendente siempre y es capaz de mantener casi constantemente hipnotizado al espectador, que acepta gozoso la visión de unos paisajes, retratos y composiciones de gran belleza. En sus obras estoy seguro que el espectador podrá contemplar una enorme variedad de temas- paisajes, marinas, retratos y composiciones de figuras tratados con una excelente técnica y también rigor didáctico, como corresponde a las antiguas formulas impresionistas.

Francisco Agramunt (Critico de Arte)

El Segon Muntanyar de Jávea

Alejandro cabeza, Pintores Valencianos
Óleo sobre lino  "El Segon Muntanyar de Jávea"  / 2014


Volviendo a Jávea y sus alrededores, tomo esta vista pasando por la famosa Cala Blanca o también denominada La Caleta. Está situada justo al final de la Playa del Segon Muntanyar de Jávea.

La Cala Blanca, ya realizada en otras ocasiones, está compuesta por tres pequeñas calas contiguas, conectadas por un litoral de piedra. Caleta I, Caleta II y Caleta del Francés son las tres calas que encontramos en este precioso lugar. La Caleta I y II son las dos que tienen más fácil acceso. Su nombre deriva del color blanquecino de las rocas de sus acantilados.  

Sin embargo en esta ocasión me centro en su playa de roca, más bien compuesta por piedra formada por arena fosilizada (como dato de interés)  El Segon Muntanyar de Jávea tiene unos 1.700 metros de longitud hasta llegar al final. Con el Cabo de San Martín de fondo se insinua la Cala Sardinera, lo que le da a la composición  un buen juego de luces y sombras donde el agua cobra todo el protagonismo y cromatismo tan presente en estos temas.




Calas de Moraira

Alejandro cabeza,paisajes españoles,pintor Valenciano
Calas de Moraira, Cala andragó


Abandonando el paisaje de Javéa y siguiendo en el mismo litoral, llegamos a otro pueblecito de gran encanto en sus costas y con los mismos azules o, al menos, parecidos: Moraira. Como si de una hermana pequeña de Javéa se tratara, sus costas ya no son tan abruptas ni ricas en lo que a acantilados se refiere.  No obstante éstos, aunque más pequeños y modestos, no dejan de tener su encanto para el ojo del pintor.

Aguas de azules y esmeraldas como las de Javéa. De rocas blancas que crean un juego de cromatismos y contrastes. Pueblos que, aunque desgastados por el turismo, aún hoy en día, mantienen ciertos ecos del pasado y de su esplendor. Desde Moraira tomamos la carretera que, bordeando la costa, nos lleva hacia Calpe. Aproximadamente a unos 2 km., parece ante nosotros una bonita cala rocosa de enormes piedras erosionadas por el inmemorial batir de las olas. 

En este cuadro vemos el mismo pueblo al fondo, con su evolución actual.  Con puertos pesqueros que ya nada tiene que ver con lo que fueron; ahora enclaves deportivos y de ocio. Quizás lo que todavía conservamos de estas vistas son los rincones recónditos y escondidos, que aún mantiene el sabor de antaño.

Cala Tangó

Impresionismo de Alejandro Cabeza
Cala Pope y Tangó - Alejandro Cabeza

Volviendo otra vez a los esmeraldas, pero sin dejar el entorno de Jávea, encontramos esta cala bastante escondida o, al menos, de difícil acceso. Situada junto a la escollera de levante del puerto y resguardada por los acantilados del cabo de Sant Antonio, la cala del Tangó o del Pope es considerada uno de los rincones más bellos del litoral valenciano. Un paraje que, a lo largo de la historia, ha sido representado por diversos pintores. Como el propio Joaquín Sorolla, que la plasmó en diversos cuadros, o Leopoldo García Ramón, otro valenciano, por mencionar sólo algunos de ellos.  Diferentes composiciones en cada caso, pero donde los azules cobran, invariablemente, protagonismo. 

Existe una historia popular muy curiosa que circula alrededor de esta cala tan pequeña y recondita. Entre 1989 y 1965 vivió en Duanes de la Mar de Jávea un religioso ortodoxo que escapó de Rusia al estallar la revolución bolchevique. Acudía a bañarse a esta cala, motivo por el cual se la empezó a llamar Pope.  Los vecinos que veían al Pope despojarse de sus llamativos atuendos para darse en estas cristalinas aguas un chapuzón, incluso en invierno, acuñaron el topónimo de la cala del Pope.

A pocos metros de la cala, en un saliente de roca, existió una pasarela de salvamento de náufragos que se asemejaba a las plataformas, conocidas como "tangó", que desplegaban a ambos lados los buques de guerra. Hoy ya desaparecida, sí se puede observar aún en muchas fotografias de la epoca o en algunas  pinturas.