Tiene un lenguaje personal que no se corresponde con este con los modos y las modas de este inicio de siglo y posee un mundo inequívoco de obsesiones. Es sorprendente siempre y es capaz de mantener casi constantemente hipnotizado al espectador, que acepta gozoso la visión de unos paisajes, retratos y composiciones de gran belleza. En sus obras estoy seguro que el espectador podrá contemplar una enorme variedad de temas- paisajes, marinas, retratos y composiciones de figuras tratados con una excelente técnica y también rigor didáctico, como corresponde a las antiguas formulas impresionistas.

Francisco Agramunt (Critico de Arte)

Costas de Menorca

 Alejandro Cabeza, Pintor Español, Pintura Valenciana, Pintores Valencianos, Pintor Valenciano, impresionismo Valenciano

"Costas de Menorca"

        El caballero ha escogido un escenario especial para esa última batalla. Ha decidido ir en busca de su postrer aventura frente al mar. Las olas que avanzan y retroceden desde tiempos inmemoriales parecen invitarle a perseguirlas. A sus espaldas, el viento hace girar continuamente las aspas de uno de los muchos molinos que pueblan la isla, una tierra perennemente azotada por los vientos.

Si puede elegir, prefiere deponer sus armas en un lugar donde las gentes aún tienen tiempo de pararse a escuchar las alegres voces del mundo. No los llantos del valle de lágrimas ni los sollozos de los penitentes, sino los cantos del agua y el aire. Escoge como última morada un lugar en el que el pasado aún tiene cabida, donde las gentes todavía se conocen por sus nombres y las puertas nunca se cierran con llave. Un lugar sin bancos, oficinas de correos o policía. Donde vacas y ovejas pastan libres por los campos.

Hace ya tiempo que pospone ese encuentro; es hora de acudir a la cita. Aunque la carne es débil, ha llegado el momento de enfrentarse al contrincante más temido. El espíritu está pronto.

Mientras espera a su oponente, el caballero mira hacia el horizonte, escruta la sutil línea que separa cielo y mar. Una línea apenas perceptible, casi permeable, gracias a la cual los dos azules se funden en uno sólo. Una fugaz sonrisa cruza sus finos labios. El rostro anguloso y normalmente severo se relaja por unos instantes. Quizá su padre se equivocase después de todo. Quizá las fronteras del cielo no sean tan inexpugnables.

(Salomé Guadalupe Ingelmo, fragmento de En las playas de Barcino)