Cabo de San Antonio / Óleo sobre tela 55 x 38 cm / Pintor Alejandro Cabeza
Esta obra captura la imponente vista del Cabo de San Antonio desde el sector sur de Jávea, una bahía cuya brillantez cromática ha seducido a innumerables autores a lo largo de la historia. Como una danza incesante del tiempo, la naturaleza ha esculpido con paciencia los relieves de este paisaje pétreo, creando un escenario donde la luz y la geografía dialogan en perfecta armonía.
En esta composición, los azules cobran una intensidad vibrante; aunque menos esmeraldas que en mis estudios de las calas, mantienen una profundidad que define el carácter del Mediterráneo en este punto. La perspectiva está tomada desde las inmediaciones del Parador de Jávea, un laberinto de recovecos y desniveles donde el oleaje se detiene para formar pequeñas lagunas y bañeras naturales. Al fondo, se yergue el impetuoso cabo, coronado por su legendario faro.
Ubicado a unos 170 metros sobre el nivel del mar y encendido por primera vez en 1855, el faro ocupa una posición privilegiada que domina desde Dénia y el Golfo de Valencia al norte, hasta la bahía de Jávea al sur. En los días de atmósfera limpia, la vista alcanza incluso las cordilleras de Mallorca. En este lienzo, busco plasmar no solo la fisonomía de la roca, sino la atmósfera envolvente de este rincón emblemático de la Pintura Valenciana.
En esta composición, los azules cobran una intensidad vibrante; aunque menos esmeraldas que en mis estudios de las calas, mantienen una profundidad que define el carácter del Mediterráneo en este punto. La perspectiva está tomada desde las inmediaciones del Parador de Jávea, un laberinto de recovecos y desniveles donde el oleaje se detiene para formar pequeñas lagunas y bañeras naturales. Al fondo, se yergue el impetuoso cabo, coronado por su legendario faro.
Ubicado a unos 170 metros sobre el nivel del mar y encendido por primera vez en 1855, el faro ocupa una posición privilegiada que domina desde Dénia y el Golfo de Valencia al norte, hasta la bahía de Jávea al sur. En los días de atmósfera limpia, la vista alcanza incluso las cordilleras de Mallorca. En este lienzo, busco plasmar no solo la fisonomía de la roca, sino la atmósfera envolvente de este rincón emblemático de la Pintura Valenciana.