Tiene un lenguaje personal que no se corresponde con este con los modos y las modas de este inicio de siglo y posee un mundo inequívoco de obsesiones. Es sorprendente siempre y es capaz de mantener casi constantemente hipnotizado al espectador, que acepta gozoso la visión de unos paisajes, retratos y composiciones de gran belleza. En sus obras estoy seguro que el espectador podrá contemplar una enorme variedad de temas- paisajes, marinas, retratos y composiciones de figuras tratados con una excelente técnica y también rigor didáctico, como corresponde a las antiguas formulas impresionistas.

Francisco Agramunt (Critico de Arte)

Calas de Moraira

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Calas de Moraira, Cala andragó


Abandonando el paisaje de Javéa y siguiendo en el mismo litoral, llegamos a otro pueblecito de gran encanto en sus costas y con los mismos azules o, al menos, parecidos: Moraira. Como si de una hermana pequeña de Javéa se tratara, sus costas ya no son tan abruptas ni ricas en lo que a acantilados se refiere.  No obstante éstos, aunque más pequeños y modestos, no dejan de tener su encanto para el ojo del pintor.

Aguas de azules y esmeraldas como las de Javéa. De rocas blancas que crean un juego de cromatismos y contrastes. Pueblos que, aunque desgastados por el turismo, aún hoy en día, mantienen ciertos ecos del pasado y de su esplendor. Desde Moraira tomamos la carretera que, bordeando la costa, nos lleva hacia Calpe. Aproximadamente a unos 2 km., parece ante nosotros una bonita cala rocosa de enormes piedras erosionadas por el inmemorial batir de las olas. 

En este cuadro vemos el mismo pueblo al fondo, con su evolución actual.  Con puertos pesqueros que ya nada tiene que ver con lo que fueron; ahora enclaves deportivos y de ocio. Quizás lo que todavía conservamos de estas vistas son los rincones recónditos y escondidos, que aún mantiene el sabor de antaño.